Osos de cuento

Reseña aparecida en la revista Babar
por Juanvi Sánchez, 1/5/ 2005

Osos de cuento. Antonio Ventura, ilustraciones de Pablo Amargo. Caracas: Camelia, 2002

Osos de cuento

Osos de cuento

La S es un espejo en la palabra OSO.

Osos de cuento juega a ser espejo que refleja, recuerda, esconde y homenajea a algunos cuentos en que el plantígrado es protagonista.

Antonio Ventura nos presenta, en su breve texto, un oso en las nubes, otro pudoroso, otro polar, otro hormiguero… para terminar invitándonos a descubrir el oso príncipe que quizás encerramos en nosotros mismos.

Al lector, en libros con referencias claras a otros, se le incita a la búsqueda y rastreo de los títulos reflejados, a recorrer el camino que el escritor recorrió antes, para generar lo que nos muestra.

Sorprende, en este peculiar álbum de páginas alargadas, el formato y todo lo que se puede sugerir y crear, jugando tan sólo con dos tintas -verde y negro.

El magnífico trabajo del ilustrador Pablo Amargo es un disfrute y un ejercicio preciso de enriquecimiento del texto. Jugando con colores planos, es capaz de generar imágenes ricas que cuentan mil historias, e invitan al lector a pasear la mirada por las inabarcables páginas repletas de guiños en los que aparecen mundos, personajes y acciones paralelas al cuidado texto.

Es con este tipo de trabajos con los que la definición de álbum se hace presente con todo su sentido. Osos de cuento es un álbum redondo, de esos en que las repetidas visiones te ofrecen siempre lecturas nuevas, y en el que lo escrito con palabras o colores se funde. Un álbum para degustar solo o acompañado, que se diferencia con personalidad propia.

Fuente: http://revistababar.com/wp/osos-de-cuento/

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Siempre habrá la nostalgia del papel

La creatividad y el juego se enlazan en los textos de Camelia Ediciones, permitiendo avistar un oficio donde la felicidad se imprime página por página

Por Marielba Núñez; fotos Gabriel Osorio (nota publicada en Salud Al Día en 2009)

Esta historia comienza con un gato. Un gato llamado Milton, que es blanco y negro y que invita a ver la vida a través de sus ojos, en la visita a un veterinario o en el fortuito encuentro con un cuervo. Esta ocurrente mascota se convirtió en la primera aventura editorial de Camelia Ediciones, el divertimento creativo –como describe su página web- de Javier Aizpúrua y María Angélica Barreto. La asociación de ella, diseñadora gráfica, y de él, experto en el mundo de la impresión, resultó una combinación perfecta cuyo resultado es un sello del que ya han salido más de 30 libros, cada uno de los cuales se asemeja a una obra de arte.

Barreto cuenta que la editorial nació hace poco más de 10 años con un primer proyecto: precisamente la traducción del francés de tres libros de la serie del gato Milton, cuya impresión fue patrocinada por una empresa cementera. Antes de que los fundadores de Camelia Ediciones unieran sus caminos para hacer realidad esas primeras páginas, Barreto estaba a cargo de la gerencia de producción de Ediciones Ekaré, donde desempeñaba sobre todo tareas administrativas. Aizpúrua estaba al frente, como lo está todavía, de la imprenta Ex libris, donde por cierto hoy todavía ven la luz los libros de la editorial.

Dentro de la lista del catálogo de autores de Camelia Ediciones figuran referencias de la literatura venezolana, como Adriano González León, pero una parte importante del trabajo editorial que realizan es descubrir nuevos talentos, entre los que se incluyen tanto autores como ilustradores. Es una tarea global, porque parte del equipo con el que han podido nutrir su original catálogo está más allá de las fronteras del país, en lugares tan disímiles como México, Alemania, España o Japón. La gran mayoría de los creadores a los que han apelado son venezolanos, aunque también cuentan con firmas de nacionalidades distintas, que quisieron editar sus textos con ellos.

Historias en cada página
Para Barreto, la enumeración de los libros se convierte en un ejercicio de memoria. Detrás de cada texto hay una historia en la que se unen la creatividad de los autores con la inteligencia y la sensibilidad de estos particulares editores. La tarea de volver realidad cada proyecto requiere de paciencia, diálogo y negociación, pero el éxito de ello está a la vista.Cada uno de los libros contiene una historia, pues su proceso de producción ha sido único y original. No siempre pueden describirse estrictamente como libros para niños, sino más bien para todo público. En el de Adriano González León, por ejemplo, titulado Cosas sueltas y secretas, se trabajó sobre una serie de imágenes de Adriana Genel a las que el escritor le otorgó palabras.

El texto Siempre quise viajar, de Alfredo Cottin, por su parte, se basa en el ojo y la experiencia de un diseñador gráfico venezolano radicado en México, que construyó a partir de fotografías. “Es un libro que se vende muy bien en librerías, que habla de irse o de quedarse, un tema con el que puede identificarse un público general”.

Hay libros de cocción lenta y libros que ven la luz en solo unas semanas. Es el caso de Sonatina, basado en los conocidos versos de Rubén Darío, que la ilustradora Helena Arellano convirtió en un verdadero deleite visual, a pesar de que se concibió en apenas un mes.

Sobre el escritorio de los editores de Camelia está ya lista la maqueta de otro texto, que, en cambio, ha tomado años de trabajo. Así ocurrió con ABCcirco, donde los lectores podrán encontrar, acompañados por ilustraciones hechas con la técnica de xiolografía, a personajes extravagantes como la acróbata alada, la bella barbuda o los contorsionistas casados.

Otras de sus ideas que han cuajado en estimulantes productos incluyen también Al revés, de Menena Cottin, en el que una niña nos invita a ver un mundo paralelo; o La cucaracha, de Mónina Bergna, ilustrado por Fabricio Vanden Broeck, toda una experiencia gráfica en la que experimentaron con un material nada fácil de utilizar en una impresión.

La nostalgia del papel
Barreto describe su trabajo como “un oficio muy gratificante”. En buena parte, lo atribuye a que su principal objetivo es llegar a un público infantil y juvenil que está esperando nuevas propuestas literarias y gráficas. Sitúa su enamoramiento de los libros para niños en una temporada en la que, mientras estudiaba, vivió en Francia y trabajó como niñera. “Yo aprendí francés con los libros para niños”. Entonces, trató de buscar una pasantía en una editorial de libros para niños, aunque ese proyecto lo concretó años después, cuando ya estaba en Ekaré. El trabajo de la editorial ya ha cruzado fronteras pues, con su página web, que lanzaron hace dos años y que es especialmente divertida, tuvieron la experiencia de recibir mensajes de todas partes del mundo. En los dos últimos años han tenido presencia –como invitados- en dos de las ferias de libros más prestigiosas del mundo, la de Frankfurt y la de Bologna.

Aunque tienen muchas satisfacciones, comparten la dedicación a la editorial con otros trabajos. Barreto se dedica al diseño free lance y Aizpúrua sigue con Ex libris, lo que les permite mantener su sueño vivo. Al grato ritmo de trabajo añade ella como otra de las ventajas la vista al Ávila de la que disfruta en las oficinas que ocupan, en Boleíta norte. “Nos ayuda a estar siempre de buen humor, para recibir a toda la gente que trae nuevas propuestas y alentarlos a seguir trabajando. Es nuestro pequeño aporte, servir de apoyo a todos esos ilustradores y autores nuevos que se atreven a hacer cosas interesantes por este país”. No temen a la competencia digital, porque consideran que, por más que los videojuegos y los artefactos electrónicos inunden la cotidianidad, “siempre habrá la nostalgia del papel”. Cuando éste esconde tantas posibilidades como los libros de Camelia Ediciones, es fácil acompañar esa convicción.

Fuente: http://www.encartesaludaldia.com/contenido.php?idcontent=28&idsecciones=9